martes, 30 de agosto de 2016

Para tocar el mundo

Hace unas semanas tuve un accidente. No fue nada muy grave, pero dos tendones de mi mano derecha quedaron dañados, y hubo que darme puntos y colocarme una férula durante casi tres semanas. Cuando ayer por fin me retiraron la férula, me encontré con mi mano derecha amoratada, rígida y no tan útil como yo había esperado. Mis dedos meñique, anular y corazón, sobre todo este último, son como periódicos enrollados: duros, acorchados, apenas flexibles. Donde estaban la heridas, hay unas costras negras y cicatrices rojizas. Si trato de flexionarlos, se dispara un afilado dolor. Próximamente empezaré a hacer rehabilitación, y con suerte volverán a estar bien.

Anoche, mientras me duchaba, pensé en lo importantes que son las manos. Es una perogrullada, y en realidad somos siempre conscientes de ello, sin necesidad de que nos pase nada. Pero esto que me ocurrió me hizo pensar en ellas más que nunca. Todas las partes de nuestro cuerpo son importantes, todas cumplen una función, y sin la mayoría de ellas no podríamos vivir. Pero las manos ocupan un lugar especial.

Porque en definitiva son nuestra principal vía de conexión con el mundo.

Con las manos podemos tocar las cosas y al resto de las personas, podemos dar placer y consuelo, y también hacer daño, podemos protegernos y proteger a otros, podemos crear cosas, cocinar, regar flores, aplaudir, lavarnos, jugar, tomar decisiones, percibir la temperatura y la dirección del viento; podemos incluso ver y hablar con ellas.

Con este blog quiero hacer mi pequeño homenaje a las manos, a todo lo que pueden hacer y a todo lo que significan, a los miles de usos que miles de personas les pueden dar en todo el mundo. Quizás también hablaré de cómo será la rehabilitación, de cada pequeño progreso que vaya notando.

La idea es que tendrá una fecha de caducidad, y esta será cuando mi mano derecha vuelva a recuperarse, y ya sólo queden marcas de lo que ocurrió.